¿Puede la simple construcción de un edificio beneficiar al cambio climático, a la economía, al desempleo o incluso a la salud pública? Puede que a muchos nos sorprenda leer algo así pero se viene estudiando desde hace años y ya se puede hacer realidad.

Los edificios eficientes pueden ser la llave para ayudar a las ciudades a resolver los problemas a los que se enfrentan. El sistema de urbanizar ciudades con edificios convencionales no sólo está obsoleto sino que puede llegar a perjudicar a largo plazo a las ciudades. 

¿Hay que mirar a los edificios como inversiones?

La respuesta es sencilla, sí. Los edificios son inversiones puesto que crean puestos de trabajo, movimiento económico constante y su sector (el de la construcción) representa un 10% del PIB mundial.

¿Qué diferencia hay entre un edificio eficiente y otro convencional?

Cuando hablamos de construir un edificio tenemos que tener en cuenta de que estamos hablando de que un edificio supone el 12% del gasto de agua y un 60% del uso de la electricidad. Un edificio eficiente supone menos riesgos y menos gastos y aunque construirlos representa un coste importante cada mejora de la eficiencia del edificio en energía suple un coste que los habitantes de la ciudad ya no tienen que pagar. 

Si ya sólo por el hecho de ahorrar un coste a los ciudadanos merecería la pena construirlos hay que pensar que estos edificios suponen un freno en el cambio climático importante. Las cifras de habitantes de las grandes ciudades ascienden según pasan los años por lo que las construcciones, y por tanto, el CO2 aumentan con ellos. Una construcción eficiente supone un gran retorno de inversión por su reducción de emisiones CO2. 

Sus construcciones también aportan una mejor calidad del aire interior y exterior y una mejor ventilación por lo que reduce los problemas de salud de las personas que se encuentren en su interior o en sus alrededores. 

Como podéis ver, las ciudades que decidan cómo construir de aquí a unos años marcarán la diferencia para que los países puedan cosechar los beneficios monetarios y climáticos evitando años de deudas económicas.